Hay conductas en el trabajo que requieren cero talento

Hay conductas en el trabajo que requieren cero talento

En tu día a día de trabajo ¿te hace falta tener el coeficiente intelectual de Einstein? ¿Tener un olfato infalible para los negocios como “El lobo de Wall Street”? o ¿Controlar las finanzas, como los mentalistas, que suman un listado de números infinito de una pizarra?

Quizás no, pero sin embargo, hay detalles o pequeñas acciones que pueden ayudarnos a preservar, aumentar o desarrollar nuestras capacidades, sin requerir un talento especial para poder llevarlas a cabo:

  1. Ser puntual. Llegar a tiempo a cada una de las citas y/o compromisos que se tienen, es importante. Se debe ser respetuoso con tú tiempo y el de los demás, esto evitará situaciones incomodas. Ser puntual requiere también de habilidades de planeación, previsión, lo cual se aprende y después se replica en el trabajo diario.
  2. Ser ético. Es simple, solo consiste en ser integro, admitir los errores, no echar la culpa, aceptar las responsabilidades, abandonar los pretextos, devolver lo que no les corresponde y decir lo que se piensa.
  3. Tener la cultura del esfuerzo. Lo que realmente vale la pena, suele llegar después de muchos esfuerzos continuados, muchos intentos por sobrepasar los propios límites, por ir más allá consiguiendo metas que parecen inaccesibles, a las que nos vamos acercando, a golpes de voluntad y de trabajo.
  4. Lenguaje corporal. Los movimientos corporales, los gestos, la percepción visual y táctil dicen mucho de nosotros. Nuestro cuerpo transmite, un buen apretón de manos, una sonrisa al conocer a alguien, estar sin bostezar cuando hablan los demás y mantener la mirada, ayudan a socializar como se debe.
  5. Energía. Mientras que algunos de nosotros nacimos con un entusiasmo/energía natural, algunos otros tenemos que trabajar para mantener niveles altos de ella. La buena energía se contagia. ¿Quién no ha huido alguna vez de esa persona que nos transmite “mal rollo”?
  6. Actitud. A partir de una actitud adecuada podemos orientar y dirigir nuestro pensamiento hacia nuestros objetivos. La verdadera fortaleza de un ser humano es sobreponerse a través de su actitud ante una circunstancia adversa
  7. Pasión. Es el motor que nos empuja a conseguir mejorar, es el deseo interno de darlo todo y hacer que cada día valga la pena. Si no se puede encontrar, a lo mejor se debería cambiar de empleo.
  8. Preparación. Un jugador profesional de futbol entrena como mínimo una 12 horas semanales, lo hace para poder golpear el balón y colocarla en la escuadra de la portería sin dificultad. Del mismo modo, debemos prepararnos para tener las habilidades arraigadas en el momento, en que se queramos ejecutar las propias ideas.
  9. Dar el extra. Siempre se tiene la opción de hacer o no hacer. Elegir hacerlo, terminar ese trabajo, mejorar el documento, avanzarse a la siguiente necesidad, aunque aparezca el cansancio, siempre marca la diferencia.
  10. Saber recibir crítica constructiva. Todos necesitamos ayuda en algún momento. Estar abierto a aprender, tener curiosidad, interés por conocer y compartir, es una habilidad de la gente que quiere crecer como profesional y persona.

Los jefes, no despiden personas, despiden actitudes.

Los jefes, no despiden personas, despiden actitudes.

Los criterios de selección están cambiando, y las empresas, que anteriormente reclutaban a sus futuros trabajadores basándose en excelentes expedientes académicos, formación postgrado y cursos complementarios de especialización han sufrido las consecuencias de este tipo de selección: a menudo se encuentran con trabajadores que cumplen con su trabajo, pero egocéntricos, poco colaboradores o nada dispuestos a trabajar en equipo, dándose cuenta de que un buen resultado académico no siempre es una garantía de un buen desempeño global de los candidatos en el puesto de trabajo.
Cada vez más el ambiente de trabajo empieza a ser una variable significativa a tener en cuenta, no sólo en términos de rendimiento o productividad, sino también como factor influyente en el grado de satisfacción. Y es que el clima laboral, cuando es sano, se convierte en un sueldo emocional tan válido como el económico.

El objetivo principal de la selección del personal es buscar al candidato idóneo para la empresa y esto implica una doble vertiente, que sepa realizar su trabajo, es decir, que tenga los conocimientos y la formación necesarios para desempeñar el puesto, pero también, que encaje en la organización, que tenga competencias personales como habilidades sociales, empatía, asertividad… Como complemento a las primeras.
Estudios recientes han demostrado que las competencias interpersonales como complemento de las competencias técnicas permiten un mayor nivel de productividad y satisfacción en las empresas, y en general en la vida diaria. Este dato, cobra especial relevancia, máxime cuando el 80% de los conflictos de las empresas actuales se producen por problemas de comunicación.

Mientras que la mayoría de los trabajadores no dan en absoluto problemas, se llevan bien con los demás y hacen su trabajo eficientemente, los “trabajadores conflictivos” rompen el ritmo de trabajo, hacen difícil la comunicación entre todos, incomodan a otros compañeros y superiores o simplemente resisten de modo pasivo; tienen actitudes que irritan a todos y con nada están a gusto.
Tienen un problema crónico de poner reclamaciones absolutamente por todo, expresar puntos de vista negativos o presentan un comportamiento problemático en sus relaciones con los demás. El trabajador conflictivo, es el que dice siempre “sí” y hace lo que quiere o el que siempre dice “no” por sistema; el que no acepta la autoridad; el que no quiere asumir responsabilidades; el que siempre tiene una excusa preparada; el que siempre encuentra un motivo para faltar al trabajo o no llegar a la hora; el que sólo cree que tiene derechos y que todo le pertenece, pero no está dispuesto a dar nada de su parte; el que tiene actitudes arrogantes, presuntuosas, soberbias e impertinentes y comportamientos que tratan de desprestigiar y desacreditar a sus compañeros y superiores…

Personalmente pienso que alguien que sólo fabrica problemas, que con su actitud negativa mina la moral de todo el grupo, difícilmente es reciclable. Por lealtad a la empresa, a los que sí trabajan bien, a los que quieren trabajar en un entorno positivo y con buen ambiente y además colaboran en ello, por coherencia y respeto a la enorme cantidad de gente que quiere trabajar con calidad de vida laboral, los jefes deben atreverse a actuar decididamente ante estos personajes, y todos debemos respaldarles para que así lo hagan. Por el bienestar y el futuro de la mayoría hay que animarles para que no se vengan abajo ni permitan que estos trabajadores inapropiados les influyan negativamente en su capacidad de liderazgo, alejándoles de un estilo de dirección óptimo.

En el contexto actual, las empresas deben ser “inteligentes”, ágiles y dispuestas al cambio continuo, y sus miembros deben acompañarles en este proceso, por lo que deben poseer estas habilidades demandadas o quedarán excluidas del mercado competitivo en un corto periodo de tiempo.